CAPÍTULO 36. KILLER.
KILEY.
Suspiro y beso el pecho de James.
- Te amo. - suspiro haciendo dibujitos con mi dedo en su pecho desnudo.
- Lo sé nena. - acaricia mi brazo y me entra un escalofrío.
- James, ¿qué piensas hacer con mi hermano? - pregunto mirándole.
- De momento... nada. Todo va bien, tu hermano es un gran traficante. Y lo hace todo a su hora. ¿Por qué voy a hacerle algo malo? - dice. Sonrío y lo abrazo.
- Gracias.
- No las des mi vida. - dice acariciándome el pelo.
JAZZY.
El teléfono empieza a sonar y corro hacia él, lo cojo y descuelgo.
- ¿Si? ¿Quién es? - respondo.
- ¿Kiley? - oigo una voz masculina que me hace sonreír.
- Soy Jazzy. - respondo.
- ¿Jazzy? ¡Nena! ¿Cómo estás? Soy Justin. - río leve.
- ¡Justin! ¡Te echo de menos! Estoy bien, ¿y tú? ¿Y Charlie? - ríe.
- Estamos muy bien nena, yo también te echo de menos. - dice.
- Me alegro. ¿Dónde estáis? Juro no decir nada. - digo.
- En las Bahamas. - responde.
- ¡Que guay! - grito ilusionada.
- Jazzy, ¿con quién hablas? - veo a mi padre entrar al salón.
- Con un amigo. - contesto rápidamente.
- ¿Qué amigo? - frunce el ceño.
- Uno de mi clase, no lo conoces.
- Pues cuelga ya. Sabes que estamos esperando a que tu hermano llame para volver a ingresarle en ese centro de una vez. - dice.
- ¡Mi hermano no está loco! ¡No le vais a volver a encerrar! - grito.
- Jazzy, mi vida cálmate. Todo saldrá bien, ¿vale? No le digas a nadie dónde estamos cariño, por favor. - suplica mi hermano.
- No se lo diré a nadie, te lo juro. - digo.
- Esa es mi chica, te quiero. Tengo que colgar, por la noche te llamo. Estate atenta. Te quiero mucho cielo. - dice.
- Está bien. Te quiero. - y cuelgo. Mi padre me mira y niega con la cabeza.
- Era él, ¿verdad?
- Ya te he dicho que era un amigo. - dejo el teléfono sobre la mesa y me levanto, yendo hacia mi habitación.
JUSTIN.
Sonrío, ni quiera parecía Jazzy... Suspiro y marco el número de James.
- ¿Si? - una voz femenina muy familiar contesta.
Me quedo callado, hasta que me doy cuenta de quién es esa voz.
- ¿Kiley? - se hace un silencio y la llamada se corta. Quito el teléfono de mi oreja y lo miro.
Trago saliva y tiro el teléfono al suelo con todas mis fuerzas.
- ¡Me cago en la puta! - grito mientras le doy una patada a la puerta.
El día del parto.*
- Venga una vez más. - dice una de las enfermeras.
- ¡No puedo! - grita Charlie apretando mi mano con fuerza.
- Claro que puedes mi amor. Venga. - digo besando su mano.
- Ya está. Es una niña preciosa. - los llantos de la pequeña invaden la habitación. Charlie suelta mi mano, cayendo rendida.
Beso su frente.
- Muy bien cielo. - susurro. Sonríe.
- Toma Charlotte. Tu hija. - la enfermera le tiende en sus brazos débiles a la pequeña, envuelta en una manta.
Las lágrimas salen de mis ojos sin poder evitarlo. Charlie sonríe y besa la cabecita de la pequeña.
- Scarlett, nuestra pequeña. - susurra Charlie. Sonrío y acaricio la cabecita de Scarlett.
Tiene los ojos verdes, iguales que los de Charlie, y el pelo un rubio cobrizo.
Meses después.*
Scarlett ríe por mis caras raras. Le saco la lengua y ríe de nuevo.
La cojo en brazos y beso su mejilla.
- Por fin. Mírate tío. - Allan entra al salón. Lo miro y sonrío.
- La amo. - la pequeña juega con la cadena de plata que cuelga de mi cuello.
- Es realmente preciosa. - Allan acaricia la mejilla de mi hija. Sonrío.
- Justin, me voy a la cafetería, he quedado con una amiga allí. - Charlie entra al salón y me besa en la mejilla.
- Vale, diviértete. - sonrío.
- Eso espero. - sonríe y besa a Scarlett. - Adiós mi amor. Te quiero. - le dice a la pequeña. - Adiós Allan. - se despide de él y se va.
CHARLOTTE.
- ¿Preparada? - pregunta James tras el teléfono.
- Sí. - contesto.
- Ahora te saco. En cuanto incendie la cafetería te sacaré de allí. No te preocupes. - dice.
- Vale.
Cuelga y guardo el móvil en mi bolsillo delantero.
Salgo corriendo por la puerta trasera, mientras me tapo la boca con el pañuelo que cuelga de mi cuello.
James me está esperando fuera.
- Creía que no ibas a salir. - suspira al verme. Sonrío y corro hacia él, lo abrazo y lo beso en los labios.
JUSTIN.
Mi teléfono empieza a sonar. Dejo a Scarlett en el sofá con su peluche, y descuelgo.
- ¿Si? - contesto.
- ¿Justin Bieber?
- Sí, ¿quién habla? - frunzo el ceño.
- El agente Felson, queríamos informarle de que su novia Charlotte ha tenido un incidente en la cafetería ______. - dice. El corazón se me para.
- ¿Qué? ¿Qué ha pasado?
- La cafetería _____ está destrozada debido a un incendio. El cuerpo de su novia no ha aparecido, creemos que ha podido ser carbonizada. Lo siento.
Mis ojos se humedecen por completo, cuelgo y me siento en el sofá.
- No puede ser. - susurro mientras mis mejillas se mojan a causa de las lágrimas. - No puede estar muerta. - me levanto y salgo del salón, yendo hacia la habitación le pego una patada a la puerta con fuerza. - ¡No puede haber muerto joder! - grito. - Charlie... mi pequeña. - murmuro y tiro la cómoda.
Oigo a Scarlett llorar y empiezo a sollozar.
Han cambiado bastante las cosas. Después de la muerte de mi novia, yo y Scarlett volvimos a Madrid. Me entregue para hacer saber que no estaba loco ni tenia nada en la cabeza. Pasó 1 año para mi juicio y me declararon inocente, debido a que todas las muertes que causé, fueron en defensa propia. Me dieron un puesto en el cuerpo de policía.
Yo obedecí, y ahora soy agente. Me han nombrado hace unas semanas.
Han pasado como 10 años desde que vi por última vez a Charlie. Hace 8 hice las paces con mi padre, y ahora vivo con mi hija en nuestra casa.
Scarlett ya tiene 10 años. Es preciosa. Con los ojos verdes de Charlie, la piel pálida y un pelo largo de un rubio cobrizo.
- Papá, ¿cómo era mamá? - pregunta Scarlett mientras paseamos por el mismo parque por el que yo solía pasear de pequeño
Una sonrisa se forma en mi cara. La miro y ríe leve.
- Era la mujer más guapa que había visto jamás cariño. Era preciosa. - contesto. La veo hacer una mueca con sus labios. - Pero tu eres más guapa. - Río fuerte y me da un leve codazo en el costado.
Nos sentamos en uno de los bancos del parque.
- Me hubiese gustado mucho que siguiera con nosotros papá. - dice acompañado de un suspiro de cansancio.
Sonrío tristemente.
- A mi también cariño. Pero así es la vida, y tienes que ser fuerte. - acaricio la mejilla de mi pequeña.
Me mira y me muestra una pequeña sonrisa.
Oigo la risa de una mujer, una risa que jamás podré olvidar. Giro mi cabeza. Siento cómo el corazón me empieza a latir más y más fuerte, al ver a una chica clavada a Charlie, mientras ríe a causa de un hombre que camina a su lado diciéndole tonterías. Me cuesta tragar saliva.
Es ella, es Charlie. La mujer que supuestamente me amaba... Mis ojos se humedecen y vuelvo a girar mi cabeza, hacia mi hija.
- ¿Mamá te quería mucho? - pregunta Scarlett. Intento mostrar una pequeña sonrisa.
- Eso creía yo cariño. Pero tu madre como yo la quería tanto, no se conformaba conmigo. - digo intentando que ella me escuche.
- ¿No te quería? - pregunta frunciendo su entrecejo.
- No mi amor, pero yo a ella la amaba con todas mis fuerzas. Y si le pasaba algo, yo era el primero en ir a ayudarla. Siempre trataba de hacerla reír, yo quería que fuese muy feliz... pero parece que yo era poca cosas para ella. - suspiro.
- Pues ella estaba muy equivocada... porque eres el hombre más guapo del mundo, y el más listo, y el más bueno y el más todo. - dice. Sonrío y la abrazo, besando la parte superior de su cabeza.
- Gracias pequeña. Ojalá te haya escuchado. - digo. - Volvamos a casa. - me levanto del banco y ella me sigue.
Me agarra la mano y pasamos justo por enfrente de ella, de la mujer a la que amé, amo y amaré el resto de mi vida.
Giro la cabeza, y la miro. Me está mirando, con la boca entreabierta y los ojos llorosos.
Le muestro una media sonrisa y le guiño un ojo. Vocaliza un "lo siento" y niego con la cabeza. Giro nuevamente mi cabeza y salimos del parque.
- ¡Justin! ¡Justin! - oigo sus gritos.
- Papá, una mujer te está llamando. - dice Scarlett.
- No sé quién es. Vamonos cielo. - digo. Se encoje de hombros.
Y seguimos por nuestro camino, dejando el pasado atrás. Dejando a la mujer que me decía "te amo" en un triste y feliz pasado, para olvidarla de una vez por todas.
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