CAPÍTULO 13. KILLER.
- Y yo Marc. Y yo. - digo dándole dos palmaditas en la espalda.
Se separa de mi y cuando veo que se acerca a mi para besarme me aparto.
- ¿Qué pasa? - dice frunciendo las cejas.
- Es que... no te he visto en mucho tiempo y no me acostumbro a ello. - digo agarrando el brazo de mi hermana.
- Pero... ¿dónde has estado? - pregunta Marc.
- Marc, tenemos prisa. Adiós macho. - dice mi hermana y corriendo entramos a casa y cerramos la puerta.
- ¡Mamá! - grita Erika.
- No grites Erika. Siempre te tengo que decir lo mism... - se calla cuando me ve. Se queda mirándome perpleja. Luego sonríe, mientras las lágrimas se empiezan a acumular en sus ojos. - Charlotte... - dice sonriendo.
Corriendo se acerca a mi y nos fundimos en un fuerte abrazo.
JUSTIN.
Jazzy termina de peinar a su muñeca y la pone a su lado en la cama. Luego me mira.
- ¿Y Charlie? - pregunta.
- En su casa. - respondo sonriendo.
- ¿Por qué? Si ella vive aquí.
- Pero solo por un tiempo. Ahora se ha ido a su casa cielo. - acaricio su mejilla.
- Pues que rollo. ¿Vendrá algún día a jugar conmigo?
- No lo sé. Pero yo se lo digo, a ver si quiere ¿vale? - digo. Asiente sonriendo y le sonrío.
CHARLOTTE.
- Cariño ¿te ha hecho algo Justin? ¿Te ha hecho daño? - pregunta mi padre mirándome por todos lados.
- No papá, no me ha hecho absolutamente nada. Solo me ha dejado ir, de verdad. - digo suspirando.
- Eso es imposible. Justin siempre que secuestra a alguien no lo deja ir como si nada. ¿Sabes la dirección de dónde está su escondite? - pregunta.
- Papá no me acuerdo, estoy demasiado cansada. ¿Puedo irme a la cama? Ya son las 12 de la noche. - digo bostezando.
- Claro que si. Descansa. - dice dándome un beso en la frente.
- Buenas noches. - digo.
No puedo dormir. Hace mucho calor y además me viene a la cabeza Justin. No me he despedido de el. Por ser tan orgullosa y cabezota. Suspiro. Lo echo de menos, y solo hace unas horas que no nos vemos.
ERIKA.
Abro la puerta y me lo encuentro fumando, apoyado en la pared. Me mira y tira el cigarro. Luego lo pisa y se acerca a mi.
- Que puntual. - digo.
- Solo cuando algo me importa. - dice guiñándome un ojo.
Le hago una señal para que me siga y entramos. Cierro la puerta y subimos las escaleras hacia la planta de arriba. Llegamos al cuatro de mi hermana.
- Solo tienes que entrar. Seguro que mi hermana está despierta. - digo. Se encoje de hombros y abre la puerta. - Venga, yo me voy a dormir. Buena suerte. - digo dándole dos palmaditas en las espalda y yendo hacia mi cuarto.
CHARLOTTE.
Oigo un ruido y abro los ojos. Será mi imaginación. Vuelvo a cerrarlos y entonces noto un mano acariciando mi brazo.
Me entra un escalofrío y me giro. Justin.
- Joder, que susto.- Llevo mi mano a mi pecho. Ríe leve. - ¿Qué haces aquí? - pregunto.
- Bueno, te has ido sin darme siquiera un beso, ni un abrazo. Y lo necesitaba. - dice sentándose en la cama.
- Justin... tengo que decirte algo. - digo poniéndome sentada en la cama.
Frunce el ceño.
- ¿Qué ocurre? - pregunta.
- Es que... Marc sigue siendo mi novio. - digo.
- Ya, pero tú no lo amas. Me amas a mi. - dice acariciándome la mejilla.
- Pues claro. - digo sonriendo.
Sonríe. Me destapo y doy dos palmaditas en el hueco que hay a mi lado.
- ¿Pretendes que me quede contigo la noche entera? - pregunta.
Asiento rápidamente. Ríe leve y me agarra la mano, tirándome de ella suavemente y me coge en brazos en un segundo.
- Justin me voy a caer. - digo riendo.
- Nunca te dejaría caer. - dice juntando nuestras frentes. - ¿Me perdonas por haberte traído a mi casa? - pregunta, poniendo sus manos al rededor de mi cintura.
Río y asiento.
- Pues claro que sí. - digo sonriendo.
- Prométeme una cosa. - dice besándome. - Prométeme que dejaras a ese Marc y que estarás conmigo siempre. Porque quiero que seas solo mía Charlie, no puedo compartirte con otro. - dice mirándome fijamente a los ojos.
Miro embobada sus ojos mieles. Son mi debilidad.
- ¿Me lo prometes? - pregunta.
- Te lo prometo. - susurro acariciando su nuca con delicadeza.
Sonríe y se aferra a mi, abrazándome con fuerza.
- Te quiero. - dice apoyando su cabeza en mi hombro.
- Te quiero. - contesto.
- ¿Cómo alguien tan pequeña me puede hacer tan feliz? - dice de repente.
- ¿Me estás llamando enana? - pregunto. Se separa un poco de mi mirándome. Arqueo una ceja.
- Mi enana. - dice besándome. Nos separamos.
- Aún así, sigo siendo enana. - dijo quejándome. Ríe.
- Eres perfecta.
- Nadie lo es.
- No es verdad. Todo el mundo es perfecto a su manera. Y tú, lo eres más que nadie en mi vida. - dice mirándome serio.
Noto como me pongo colorada. ¿Por qué me tiene que decir cosas tan bonitas?
- Me encanta cuando te pones roja. - dice sonriendo de oreja a oreja.
- Tonto. - digo riéndome.
- ¿Te digo algo bonito y me insultas? Eso es lo que ha llamado mi atención. Tu personalidad tan rara. - dice abrazándome por la cintura.
- Pues menos mal, porque no pienso cambiar. - digo.
- Bien, porque no te dejaría. - besa mi mejilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario