lunes, 13 de enero de 2014

Justin. Un ídolo. Una pasión. Dedicación. Una historia. Un sueño cumplido. Un nombre que ha marcado mi vida y la de millones de personas más.
Mucha gente le veo como una "estrella pop adolescente que terminará estrellándose." Bien, pues todos esos, no os preocupéis que cuando el caiga, aquí estaremos sus beliebers para levantarle.
Justin significa para mí un enorme porcentaje de todo lo que tengo. Él me ha hecho cambiar. De verdad. Ha cambiado todo de mí. De no ser por él, no quiero ni imaginar cómo estaría y cómo sería yo ahora. Me ha enseñado que por muy pequeño que seas en este mundo, puedes alcanzar lo más alto.
Me ha enseñado a creer, a caer y a levantarme. Me ha enseñado a luchar por lo que quiero, a no rendirme.
Ese pequeño que se sentaba en las escaleras del teatro Avon, en Stratford, ha cambiado mi vida.
Muchos dirán que es una "obsesión" o una "tontería que se me pasará." Llevo desde 2009 apoyando esa "tontería."
Él significa ilusión, amor, sonrisas, lágrimas, esperanza.
Es una de las pocas personas que hoy en día, jamás me ha fallado y sé que nunca lo hará.
De verdad que me resulta más que complicado explicar con palabras lo que ese canadiense significa para mí. Le debo muchísimo.
Y diréis "No le conoces, jamás le conocerás y él no sabe que existes." Vale, ¿os sentís realizados? Me alegro. Ahora os digo: No, no he logrado más que verle por la tele y ver sus conciertos en internet. Es lo máximo que he conseguido, pero sé que un día podré abrazarle, darle las gracias por cambiar mi vida. Y sí, lo haré. No he dicho que la semana que viene, ni siquiera he dicho que lo vaya a hacer de aquí a dos años, pero un día... lo haré.
Ese pequeño significa muchísimo para mí. Es mi razón para seguir luchando, mi razón para mantener la sonrisa en la cara por mucho que me rompa por dentro. Mi razón para seguir adelante.
Es mi ejemplo de que los sueños se cumplen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario